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Kale -2
Pues la verdad es que no, pero si insistes. Levantó la mano poco a poco. Cuando estuvo a la altura de mi cabeza, empezó a moverla paralelamente al suelo, dibujando en el aire un medio círculo. Luego bajó la mano. Se me quedó mirando, y luego bajó la vista hacia el suelo. Le seguí la mirada. El suelo estaba cubierto de flores. No pude evitar una sonrisa. Eso no era maligno, como yo había pensado, entonces hice la mayor idiotez de mi vida. Me agaché y saqué la mano del círculo para coger una flor. En un abrir y cerrar de ojos, una mano fría y fuerte me agarraba la muñeca. No pude evitar un grito de pánico al darme cuenta de mi error. Idiota, idiota y idiota. No podría haber sido más idiota...
la mano de kale tiró de mi y me hizo salir del círculo, para llevarme al interior de la estrella. Luego me soltó. Por instinto, intenté salir de la estrella, pero cuando lo intenté noté un calor insoportable. No podía salir, había caído en mi propia trampa. Lo intenté dos veces más, pero no tuve éxito. Entonces, reparé en la presencia de kale dentro de la estrella. Estaba en la otra esquina, mirándome sonriente. Aparté la mirada rápidamente. Estaba perdida. Dentro de nada me absorbería la esencia, o algo peor, y posiblemente más doloroso. Me quedé parada, mirando al cielo esperando lo inevitable. Noté sus pasos acercándose. Cuando se paró, estaba tan cerca de mí que hasta podía sentir su falsa respiración. Una mano se apoyó en mi hombro y me dio la vuelta suavemente. Nos quedamos cara a cara. Su rostro sonreía de una manera antinatural, demasiado alegre, y a la vez triste.
No voy a matarte. Dijo, para mi sorpresa no me conviene. Pero tampoco te voy a dejar ir. Maldición, hace tiempo que esperaba esta oportunidad. Ahora sabes que estás indefensa, y lo estarás toda tu vida, por lo menos en lo que se refiere a mi esencia. Ahora yo te controlo a ti, y pienso que me vas a ser muy útil. Cada viernes a esta hora, apareceré donde estés, ya sea aquí, o en la otra punta del mundo. Siempre traeré instrucciones, y te daré órdenes para que las cumplas. Tendrás como plazo hasta el siguiente viernes, cuando yo vuelva a aparecer. Alguna vez traeré ordenes nuevas, otras no, y otras incluso puede que te dé mas tiempo para que lleves a cabo mis peticiones. ¿Lo has entendido? dijo fríamente.
Ese discurso hizo que se me cayera el alma al suelo (y nunca mejor dicho). Ser esclava para siempre de un espíritu. s..si.
Muy bien, chica lista... dijo en un tono casi inaudible.
La mano que me aferraba el hombro se empezó a aflojar y subió poco a poco a mi cuello. Alcé la mirada y le miré a los ojos.
Intenta no defraudarme, ¿quieres? me dijo con su media sonrisa. Entonces desapareció en el humillo azulado.
Desde entonces, cada viernes a las 10.38 aparece allá donde estoy kale siempre aparece. A veces con una sencilla petición, a veces difícil, otras menos. Lo único que sé es que nunca desaparece.
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