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FUERZAS INVISIBLES
Los antiguos afirmaban que las guerras, plagas, incendios, terremotos y otros cataclismos eran causados por grandes ejércitos de elementales que marchaban unos contra otros armados hasta los dientes, y que luchaban en los elementos de la Naturaleza. Por eso se decía que el trueno y el rayo eran causados por batallas entre los silfos y las salamandras, mientras que las lluvias y la marejada eran causadas por los silfos y las ondinas.
Los movimientos de cuerpos en la tierra, los aludes y los ruidos subterráneos eran causados por las querellas que se producían entre las salamandras y los gnomos. Generadas por las explosiones de la pólvora, las salamandras frecuentan los campos de batalla. Como grandes ejércitos de seres de un rojo llameante, se alimentan también de las pasiones humanas, se convierten en obsesiones en la mente del hombre y se expresan a través de los éteres receptores de su cuerpo.
Los cuatro grupos - gnomos, ondinas, salamandras y silfos - forman los moradores naturales de los elementos etéricos. Su obra se lleva a cabo por medio de lo que se denomina el cuerpo húmedo de la tierra y los Logos Planetarios, y asimismo tienen sus polos correspondientes en el cuerpo del hombre.
Además, hay otros grupos de elementales, algunos productos de los fenómenos naturales, y otros generados por el hombre. Entre estos últimos cabe mencionar los elementales del pensamiento y la emoción, los fantasmas, los espectros, el Morador del
Umbral, y las larvas
. El último grupo (al que también se conoce con el nombre de cascarones etéreos) son los cuerpos de los individuos que, en el curso de la muerte, pasaron al plano astral. Al desechar el vehículo etérico poco después de haberlo hecho con la forma física, lo dejan tras sí en el éter, donde se desintegra lentamente
. Estos cascarones están en la base de gran parte del porcentaje de las manifestaciones mediúmnicas, hecho que puede ser determinado sólo por medio del examen de los globos oculares del médium.
Estos desechos son usados a menudo por los elementales y las larvas como vehículos temporarios de manifestación mientras flotan en el éter en el proceso de su desintegración.
Debido a la sutil estructura de esos desechos etéreos, a menudo son necesarios muchos años para que la desintegración tenga lugar. De ahí que ejércitos de cuerpos etéricos floten como astillas de maderos errantes en el mar de la humedad etérea, desechados por sus primitivos dueños que desde hace mucho pasaron a otros planos de vida.
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