videntes buenos y baratos  
 
Durante varios meses he disfrutado de la oportunidad casi ilimitada de comprobar los diversos fenómenos que ocurrían en presencia de
esta dama, y examiné especialmente los fenómenos auditivos... Parece que sólo es necesario que coloque su mano en cualquier
sustancia para que se produzcan en ella fuertes golpes, como una pulsación triple, que a veces son tan fuertes que se oyen a varias
habitaciones de distancia. He escuchado... esos sonidos que provenían del suelo, las paredes, etc., cuando las manos y los pies de la
médium estaban sujetos, cuando estaba de pie sobre una silla, cuando estaba suspendida del techo en un columpio y cuando se
desvaneció en un sofá... Los comprobé de todas las formas que se me ocurrieron, hasta que tuve que llegar a la conclusión de que eran
hechos auténticos y objetivos, no producidos mediante trucos o medios mecánicos.
Pero no todos estaban tan convencidos. Desde el principio, los escépticos afirmaron que las hermanas hacían trampa. Nunca lograron
demostrar sus afirmaciones, y las explicaciones que proponían eran, en general, totalmente inadecuadas. Pero sus teorías iban a recibir
un inesperado apoyo, primeramente de la familia de las hermanas Fox y después de las mismas médiums.

¿Confesión o Confusión?

Margaretta y Catherine Fox, las «descubridoras» del espiritismo. Para muchos, las experiencias de las muchachas marcaban el comienzo
de una nueva era en la comunicación con los muertos. Otros, sin embargo, veían a las Fox como hábiles embusteras y estaban resueltos
a desenmascararlas. No obstante, a pesar de los numerosos tests e investigaciones, las muchachas nunca fueron descubiertas haciendo
trampas.
El día en que las hermanas Fox admitieron haber cometido fraude, fue un día feliz para los escépticos. No obstante, esta confesión fue
posteriormente revocada. ¿Qué pensar de las fundadoras del espiritismo?
Tres años después de aquellos acontecimientos que marcaron época, ocurridos el 17 de abril de 1851 en casa de la familia Fox, en
Hydesville (Estados Unidos), una tal señora Culver hizo unas declaraciones en Arcadia (Nueva York) que causaron gran revuelo. Estaba
emparentada con los Fox, ya que la hermana de su marido era la esposa de David, hermano de las Fox. Declaró que:
Durante dos años había creído sinceramente en la comunicación por golpeteos; sin embargo, algo que vi en una visita que hice a las
hermanas me hizo sospechar que hacían trampa. Decidí que de alguna manera debía salir de dudas, y algún tiempo después me ofrecí a
Catherine para ayudarla en sus demostraciones. Catherine, al parecer, aceptó de buen grado su ofrecimiento, y pasó a enseñarle cómo se
hacían los trucos:
Los golpes se producen con las puntas de los pies. Hay que utilizar todos los dedos. Después de practicar durante casi una semana, con
Catherine al lado enseñándome, también yo fui capaz de producir estos golpes. Hoy en día es imposible averiguar cuál fue el motivo de
la revelación de la señora Culver. Puede que se tratara simplemente de amor a la verdad, o que hubiera por medio una cuestión de celos.
A primera vista su revelación no parece que pueda explicar todos los fenómenos relacionados con las hermanas Fox.
Por otro lado, es un hecho que se observó y examinó una y otra vez a las hermanas y que nunca fueron descubiertas en flagrante
impostura. Tal como señaló su defensor, Horace Greeley, editor del Tribune, era, en efecto, posible que muchas cosas de las que ellas
realizaban las pudiera hacer también un mago en el escenario. Sin embargo éstos eran artistas profesionales con experiencia, y en
cambio las dos niñas no poseían las mismas habilidades que ellos, ni estaban entrenadas.
Sin embargo, los razonamientos de sus defensores y los resultados favorables de las investigaciones fueron olvidados cuando el 24 de
septiembre de 1888 Margaretta (entonces señora Kane) comunicó a un periodista del New York Herald que tenía la intención de revelar
que su actuación como médium había sido un engaño desde el principio basta el fin. Su hermana menor, Catherine (entonces señora
Jencken) acudió desde Inglaterra para apoyarla. El 21 de octubre se congregó en la Academia de la Música de New York una gran
multitud que quería oír la confesión: Estoy aquí esta noche para denunciar, como una de las fundadoras del espiritismo, que todo ha sido
un engaño desde el principio al fin, que se trata de la más absurda de las supersticiones, la más vil blasfemia conocida en el mundo.

El New York Herald describió la reacción:

Se produjo un terrible silencio. Todos sabían que se encontraban ante la principal responsable del espiritismo, su fundadora, su más alta
sacerdotisa y médium. Se puso de pie sobre una pequeña mesa de pino, calzada sólo con medias. Mientras ella se mantenía inmóvil
pudieron oírse diversos golpes fuertes, tan pronto en las bambalinas, como detrás del escenario o en el pasillo... La señora Kane se
excitó. Comenzó a dar palmadas, a bailar y chilló: «¡Es un engaño! ¡El espiritismo ha sido desde el principio al fin una farsa! ¡No es más
que un truco! ¡No hay nada de verdad en ello!» Siguió un torrente de aplausos.
En 1851 un grupo de investigadores descubrieron que cuando sujetaban las piernas de las hermanas Fox, los ruidos dejaban de
producirse; por lo tanto, había que creer que las muchachas «chasqueaban» con las articulaciones de sus rodillas. Los escépticos se
agarraron a ello para probar la falsedad de las médiums, pero siguieron sin poder dar una explicación de la variedad de ruidos o a la
levitación de mesas que se producían en muchas de las sesiones.
Ese hubiera debido ser el golpe mortal al movimiento de cuyo nacimiento Margaretta era responsable. No obstante, pese a que la
mayoría de los presentes quedaron convencidos, otros no, y sus reservas se vieron justificadas al cabo de un año, cuando Catherine
primero y Margaretta después se retractaron de su confesión. Margaretta recalcó que todo lo que había dicho en contra del espiritismo
era «absolutamente falso». Se negó a decir quiénes la presionaron, pero mencionó que «altas jerarquías de la Iglesia Católica hicieron
todo lo que pudieron para que entrara en un convento». De hecho, se había convertido al catolicismo poco después de la muerte de su
marido.
También culpó a su hermana Leah, acusándola de haberlas arrastrado a ella y a Catherine en ese asunto. Pudo muy bien ser que Leah
animara a sus hermanas menores y que, siendo la que tenía más sentido práctico y visión del futuro, tomara la decisión de embarcarse
las tres en un tipo de vida en el que el stress emocional y social era inevitable. No obstante, nunca anteriormente sus hermanas habían
mostrado resentimiento.
¿Cuál era, pues, la verdad que se escondía detrás de la confesión y posterior retractación? Indudablemente, si Margaretta era capaz de
producir sobre el escenario golpes simulados, demostrando así sus facultades para engañar al público, hay motivos más que suficientes
para pensar que también utilizó estos trucos durante sus actuaciones como médium.
La sospecha de que, al menos algunas veces, hacía trampa fue confirmada por una fuente inesperada: su marido. El explorador del
Ártico Elisha Kent Kane se había enamorado de Margaretta cuando ésta contaba sólo 13 años de edad. En contra de la voluntad de su
familia la estuvo cortejando durante tres años, hasta que finalmente se casó con ella. A su muerte, Margaretta publicó las cartas y
versos que él había escrito durante aquellos años. Contenían abundantes pruebas de que su marido creía que hacía trampas. «Oh,
Maggie –escribió en una carta–, ¿no te cansas nunca de esta monotonía sin fin de continuos engaños?» Y en otra: «No puedo soportar
el pensar que estás enredada en un asunto de maldad y engaños.»
El hecho de que Margaretta autorizara la publicación de estos documentos acusatorios sugiere que era consciente de haber estado
empleando trucos. Sin embargo, si aceptamos la declaración hecha en 1888 de que todo fue un engaño desde el principio al final, nos
encontramos casi con tantas cuestiones por resolver como si aceptamos que todo es verídico. Una de las personas más famosas que se
sentaren junto a las hermanas Fox fue la cantante Jenny Lind, que distinguió entre los fenómenos físicos y mentales: «Aunque
vosotras fuerais capaces de producir estos sonidos, es imposible que contestéis las preguntas que me han sido contestadas esta
noche.»
Nos han quedado docenas de testimonios contemporáneos de gente convencida –a menudo en contra de su escepticismo inicial– de las
cualidades psíquicas de las hermanas Fox. Esto no significa que las actuaciones de las hermanas se aceptaran como lo que pretendían
ser. Muchas personas entre ellas, Horace Greeley, admitían la veracidad del fenómeno como tal, pero mantenían una opinión más abierta
con respecto a su naturaleza: Sea cual sea el origen o la causa de los golpeteos, lo que es un hecho es que las señoritas en cuya
presencia se dan estos ruidos no los producen. Las señoritas afirman haber sido informadas de que esto no es más que el comienzo de
una nueva era, en la cual los espíritus encarnados estarán más estrecha y claramente conectados con aquellos que han adquirido
inmortalidad... De todo esto no sabemos nada, ni podemos aventurar nada. Pero si nos limitáramos a escribir las preguntas que hicimos y
las respuestas que obtuvimos durante una sesión, se nos acusaría de haberlo hecho adrede para apoyar la teoría que considera estos
fenómenos como manifestaciones de espíritus difuntos.
Parece razonable atribuir las «confesiones» de las dos hermanas menores a los avatares de su vida personal: ambas eran aún colegialas
cuando todo comenzó; ambas habían sido catapultadas desde un oscuro medio rural hasta una posición prominente en una de las
ciudades más grandes del mundo. El trágico fin de la romántica historia de amor de Margaretta hubiera desequilibrado a cualquier
muchacha menos vulnerable. Margaretta se dio a la bebida y a la droga, como había hecho su hermana antes de casarse con el abogado
Henry Jencken. A pesar de que este matrimonio le dio dos hijos, terminó también con la temprana e inesperada muerte del marido. En
estas circunstancias, y quizás influenciadas también por los enemigos del espiritismo, no es de extrañar que las dos hermanas –ninguna
de las cuales fue nunca muy inteligente– llegaran a un estado de confusión en el que la verdad y la falsedad se confundían.
En 1904, cuando todas las hermanas Fox habían muerto, una de las paredes de su vieja casa de Hydesville se derrumbó. Entre las ruinas
se encontró los restos de un cadáver. Fue imposible identificar a quién había pertenecido el cuerpo. Sin embargo, constituye una curiosa
afirmación del «mensaje» que habían recibido las hermanas Fox medio siglo antes.

En 1851 un grupo de investigadores descubrieron que cuando sujetaban las piernas de las hermanas Fox, los ruidos dejaban de producirse; por lo tanto, había que creer que las muchachas «chasqueaban» con las articulaciones de sus rodillas. Los escépticos se agarraron a ello para probar la falsedad de las médiums, pero siguieron sin poder dar una explicación de la variedad de ruidos o a la levitación de mesas que se producían en muchas de las sesiones.

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