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Grito Sobrecogedor

Pittman, Waud y Clarissa Miles relataron una experiencia más enervante. Una vez, mientras paseaban por el camino, Clarissa fue
súbitamente abordada por un temor irracional y dijo que sentía la presencia de un ser diabólico, cargado de maleficios contra ellos.
También sentía que le faltaba el aire. Cuando alcanzaron el lugar en que Pittman había visto el cerdo, los tres oyeron un "grito
sobrecogedor' aunque no había nadie más alrededor. Waud, que había mostrado escepticismo desde el principio quedó finalmente
convencido por este extraño grito terrible de que el animal fantasma había existido.
Efectivamente, la sensibilidad de los animales, especialmente de gatos y perros, hacia los fenómenos paranormales es casi un axioma. El
parapsicólogo norteamericano doctor Robert Morris utilizó animales como «controles» en sus experimentos durante los años sesenta.
En una ocasión estuvo estudiando una casa habitada por fantasmas, y concretamente una habitación en la que había ocurrido una
tragedia. Utilizó un perro, un gato, una rata y una serpiente de cascabel: «Cuando hice entrar al perro menos de 1 m dentro de la
habitación, empezó a gruñir a su dueño y volvió a salir por la puerta. De ningún modo pudimos evitarlo, y además se negó a entrar de
nuevo. El gato fue introducido en la habitación en brazos de su amo. Cuando llegó a una distancia parecida dentro de la habitación, saltó
inmediatamente sobre la espalda del amo, clavándole las uñas; luego saltó al suelo dirigiéndose hacia una silla. Pasó algunos minutos
bufando y mirando fijamente una silla vacía situada en una esquina de la habitación, hasta que le sacamos fuera...»
La serpiente de cascabel adoptó inmediatamente una postura de ataque, dirigida contra la misma silla que había intrigado al gato. Al
cabo de un par de minutos giró lentamente la cabeza hacia la ventana, para luego apartar la vista de ella y adoptar de nuevo la posición
de ataque al cabo de cinco minutos.
El único animal que no reaccionó fue la rata; sin embargo, al cabo de un rato los cuatro animales fueron examinados en otra habitación
de la casa, y allí se comportaron con toda normalidad.
De hecho, en el confuso mundo de las apariciones (estén dotadas o no de alma) nadie, ni siquiera el investigador psíquico más versado,
sabe con exactitud cuál es la motivación que las respalda. Lo cierto es que rechazar el testimonio de muchos cientos de personas
respetables que afirman haber experimentado fenómenos extraños alegando que se trata de espejismos, engaños provocados por uno
mismo o mentiras manifiestas denotaría una testarudez absurda.

Imaginación Activa

El eminente psicólogo suizo Carl Jung (1875-1961) estaba profundamente interesado en muchos aspectos de lo paranormal y registró
con entusiasmo sus propias experiencias en ese campo, a la vez que siguió durante toda la vida con un entusiasmo activo los
descubrimientos que hacían los parapsicólogos.
Uno de los sucesos más intrigantes que le ocurrieron personalmente tuvo lugar durante un viaje a Ravena, Italia, con un amigo. Ahí se
sintió especialmente conmovido por un mosaico que representaba a Cristo extendiendo su mano a Pedro cuando el discípulo parecía
estarse ahogando en el mar. Parece que tanto Jung como su compañero miraron muy de cerca el mosaico durante mucho tiempo y
hablaron de ello con cierto detalle. Jung, fuertemente impresionado por la imagen y el diseño, quería comprar una reproducción del
trabajo, pero no tuvo la suerte de encontrarlo.
Al volver a casa Jung supo que otro amigo estaba a punto de visitar Ravena y le pidió si podría hacer una fotografía de su mosaico
favorito. Con inmensa extrañeza, no obstante, se descubrió que en Ravena no existía tal mosaico. Jung tuvo que llegar a aceptar que de
todas formas el mosaico debía haber sido una aparición compartida; y una de las más extraordinarias experiencias de su vida.
Este extraño hecho parece relacionarse con lo que Jung había denominado "imaginación activa"; una técnica que se sabe que enseñó a
algunos de sus pacientes. En 1935, durante una serie de conferencias que dio en la Tavistock Clinic de Londres, describió cómo un joven
artista había conseguido proyectarse en un paisaje alpino que estaba representado en un cartel, llegando incluso a caminar sobre la
colina y a visitar una capilla fantástica que estaba convencido que existía en la parte inferior.

La confluencia de St. Mark Road y Cambridge Gardens en Kensington, Londres, se hizo famosa en los años 30 a causa del misterioso autobús de dos pisos, como el que aparece en la fotografía, que viajaba a gran velocidad en esa zona a media noche; cuando ya no había transporte público.La leyenda de este barco fantasma fue relatada por el político y escritor norteamericano doctor Cotton Mather en su libro Wonders of the Invisible World (Maravillas del mundo invisible, 1702). El barco zarpó de América, pero no llegó nunca a su destino en Inglaterra, y no se volvió a saber nunca nada de él. Sin embargo, unos meses después algunas personas vieron en el puerto desde donde zarpó lo que podía ser el barco envuelto en nubes; luego zozobró y desapareció.Los fantasmas de caballos, a veces con su jinete, suelen asociarse a algunos lugares en particular. Puede que sean una especie de recuerdo gráfico de un acontecimiento violento o dramático acaecido en el mismo sitio.

El espectro de Lady Howard, cubierto con una sábana, va dentro del coche de caballos y el esqueleto de un perro de caza corre delante. Según la leyenda, el podenco debe recoger cada noche una brizna de hierba del parque de Okehampton para llevarla a la casa de la familia de Lady Howard en Tavistock; un castigo que debe realizar hasta que haya llegado a recoger todas las briznas de hierba.

La leyenda dice que un coche fantasma del siglo XVII, construido con los huesos de los cuatro maridos de la
embrujada Lady Howard -de los que se dice que fueron todos asesinados por ella- recorre la carretera que atraviesa
el terreno pantanoso desde Tavistock hasta cerca del castillo de Okehampton,
que se muestra en la fotografía.

En su libro Supernature (Supernaturaleza), Lyall Watson sugiere que el hecho de que los fantasmas aparezcan tal como las personas les recuerdan indica que las apariciones forman parte de un proceso mental más que sobrenatural. Ciertamente, la mayor parte de los fantasmas aparecen completamente vestidos o con una indumentaria similar a una sábana, como por ejemplo este fantasma de comienzos del siglo XIX.

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