Dentro de la diversidad de amuletos tradicionales, posiblemente, la herradura sea de los más conocidos y populares, tanto es así que su imagen, ya por sí sola, es símbolo de fortuna y buena suerte.
Aunque, según reza la tradición, para que tenga verdadero poder como amuleto, se deben utilizar auténticas herraduras de caballo hechas de hierro, a fin de colgarlas cerca de la puerta de entrada de las casas y establos. Con este gesto se pretende ahuyentar los maleficios, el mal de ojo y los malos espíritus. La costumbre de usar herraduras como antídoto contra la mala suerte y los hechizos es muy antigua, especialmente si esa herradura se mantiene en el fuego hasta que el hierro esté candente, y después, una vez fría, se cuelga con las puntas hacia abajo en el dintel de la puerta.
El escarabajo
El escarabajo pelotero tuvo en el antiguo Egipto un papel muy destacado como animal simbólico de protección, ya que representaba la inmortalidad del alma a través de los ciclos de reencarnaciones. Como amuleto aseguraba una muerte digna con un feliz tránsito, y su poder talismánico se extendió hasta Fenicia, Cartago, Etruria y Grecia, e incluso en el arte paleocristiano aparece como símbolo de resurrección.
Al parecer, los egipcios mantienen la creencia de que esta especie carecía de hembras, así que cuando el macho quería engendrar, formaba una bola de estiércol con sus patas traseras durante un recorrido que siempre se dirigía del este hacia el oeste, imitando el movimiento del Sol. En la bola depositaba su simiente y la enterraba durante un tiempo para después desenterrarla y arrojarla al agua. Más tarde, de esa bola nacería un nuevo escarabajo, de ahí, la analogía con el hombre que muere y es enterrado para después renacer, tras su paso por las aguas, a una nueva vida.
El valor del escarabajo como amuleto aún se mantiene, especialmente representado en el típico escarabajo egipcio de color azul. Se trata de un amuleto que atrae la buena suerte en momentos difíciles y cambios importantes, no en vano el color azul produce una sensación de calma y profundidad, a la vez que favorece el espíritu de aventura y el despego material.
La media luna o creciente lunar
El origen de este amuleto, que favorece la fertilidad femenina y protege a los recién nacidos y a sus madres, durante el período de lactancia, es antiquísimo. Se han encontrado piezas arqueológicas de joyas prerrománicas con un diseño muy similar al de los amuletos en forma de luna que suelen usar hoy como colgantes o pendientes. En algunos de ellos aparece también una pequeña higa que pende del arco de la luna.