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Meditación, ¿Que es y para que sirve?

Es un método que permite lograr varios objetivos, principalmente llegar a conocer la naturaleza esencial de todas las cosas.
Habitualmente se la confunde con la relajación, con la visualización o con el análisis intectual o racional de un determinado tema. Sin embargo, no habría que identificar a la verdadera meditación con una técnica o método, sino más bien con un estado de conciencia determinado producto de la acertada práctica.
Los estados de conciencia logrados mientras se medita serán consecuencia de cómo uno realiza esa práctica, la que a su vez será función de los estados habituales de conciencia en los que vivimos.
Con la práctica regular paulatinamente se puede ir cambiando el nivel de conciencia habitual en los que nos movemos, y elevarla a nivel superiores a los conocidos.
Podemos decir que hay verdadera meditación en un tema cuando se ha trascendido la etapa de relajación física, emocional y mental, la etapa de visualización y el canto de mantrams (si los hubiere), y el uso del intelecto discursivo. Cuando las demás partes de un tipo de técnica meditativa han logrado el propósito de enfocar a la mente en el tema deseado de una manera bastante estable, y ya no hay necesidad imperiosa de continuar con los métodos preliminares, podemos sugerir que hemos iniciado el proceso meditativo. Posteriormente este estado se puede profundizar.
Para lo cual es necesario que se detengan todos los procesos anteriores de indagación y se agote la capacidad intelectual de abordar el tema. A veces se menciona se debe dejarse a la mente, o mejor dicho dejar que la mente vea su imposibilidad de captar todo el potencial de la idea y se detenga en sus movimientos o modificaciones, quedando enfocada y receptiva a lo que pueda venir como inspiración o intuición. Es en esta etapa, en la que la mente contempla su más elevada comprensión lograda y está totalmente pasiva o receptiva (y a la vez plenamente activa en sentido de una gran lucidez o conciencia) a la espera de lo que pueda venir.

 

La actitud correcta es una actitud de completo amor hacia lo que se busca, como la de un ferveroso amante altruista que entrega todo su ser, todos sus contenido o modificaciones mentales, al objeto de su anhelo, en el deseo de fundirse con el para conocerlo realmente en su esencia.
En este momento no solo se comprende la esencia del objeto, sino también la esencia de uno, pues para poder lograrse esa fusión o unidad deben desaparecer la triplicidad costumbrista de la mente de considerarse como separada de los objetos de percepción con la idea que crea de sí misma de ser una entidad diferente de las demás. Ello hace posible la existencia de un conocedor, el conocimiento y lo conocido. Al producirse una unión perfecta la triada anterior se convierte en una unidad y se comprende la inexistencia de las proyecciones que uno hace de sí y que uno es todas las cosas y todas las cosas son una misma conciencia.
En ese momento simplemente se es sin atributos, sin tiempo ni espacio, se vive en un eterno presente, no en un suceder que es producto de las modificaciones mentales entre una percepción y otra. Y allí también se comprende la idea del tiempo y la libertad, lo que uno es realmente: pura luz o lucidez, todo conciencia, todos los receptáculos materiales de la conciencia y al mismo tiempo ninguno de ellos, aunque de ella misma emanen. Y también se vivencia la naturaleza del amor y la beutitud gracias a la total entrega hacia todo lo existente y potencialmente existente.
Posteriormente se puede vivir en ese estado de conciencia no sólo en los momentos dedicados a la meditación sino en los habituales, pues al ponerse en contacto con esa experiencia se produce una transformación en uno. La identificación con niveles de experiencia superiores posibilita la disolución de estructuras mentales que restrigían el fluir de la conciencia a límites determinados, así se va transformando toda la naturaleza: por el proceso de identificación de la conciencia con los distintos planos de experimentación, siendo a medida que se eleva más plena y dichosa. Estos procesos de expansión interior surgen como resultado de la búsqueda de la verdad sobre todas y cada una de las cosas, trayendo por añadidura facultades que el hombre tiene en latencia y que este despertar a nuevos horizontes hace reales.

 

¿Cómo meditar?

Hay muchas técnicas sobre como hacerlo. Pero en general estas incluyen alguna/s de los siguientes elementos:

Una postura física determinada.
Uso de instrumentos adicionales como música o sahumerios.
Ropas cómodas, con colores que favorezcan la práctica.
Darse un baño previamente. Haber dormido lo suficiente
Elegir un lugar tranquilo, si es posible el mismo siempre para ayudar con el magnetismo. No ser molestado por personas o animales.
Usar un período determinado de tiempo por día para el entrenamiento del hábito de meditar.
El uso de mantrams, visualización (imaginando internamente no sólo IMAGENES2 visuales, sino también representaciones olfativas, gustativas, auditivas y táctiles), técnicas respiratorias determinadas.
La práctica simultánea de otras actividades a la meditación, como ser: no comer excesivamente, dejar las drogas, el alcohol y el cigarrillo, llevar una alimentación sana (muchas veces se recomienda un estilo vegetariano), llevar una vida sexual ordenada y moderada, mantener un estado mental pacífico y positivo en el estado de vigilia: todo esto se puede englobar en las llamadas restricciones y adquisiciones tendientes a permitir efectividad en la práctica. En el budismo se habla de recto hablar, recto pensar, rectos medios de vida, recta atención, entre otros requisitos. En los aforismos de Patanjali hay similares actitudes contenidas en los yamas y niyamas. Ninguna de ellas es posible sin la autobservación y el recuerdo de sí. Todas estas cosas pueden resultar restrictivas en función de las costumbres que ya se tienen arraigadas, pero el propósito y la intuición de porque es necesaria cada una de estas cosas disipan la inercia al cambio y el logro de un estado meditativo con todos los beneficios que trae. El objeto de todo esto es quebrar la identificación con los distintos estados o movimientos de la mente y el cuerpo, para poder elevarse al lugar de residencia de lo que uno realmente es, más allá de la identificación con los procesos anteriores.
Algunos métodos utilizan una idea como medio de concentrar la mente hacia dentro (preferentemente hacia algo que interese o agrade) y para averiguar la esencia de esa idea, o la atención a algo como una sensación de una parte del cuerpo, la respiración, etc. Otras no utilizan ninguna idea llamándose meditaciones sin semilla.
Regularidad y perseverancia.
Sinceridad y profundidad de propósito.

 

Breves consejos

Aquietando la respiración y concentrándose en ella se puede relajar tanto el físico, las emociones y pensamientos. Similarmente sucede concentrándose en algún pensamiento que evoque paz y armonía.
La concentración no implica tensión, pues con tensión se debilita la concentración.
Tratar de combatir las emociones o pensamientos ajenos al tema de meditación con la idea de expulsarlos implica darles fuerza y debilitar la concentración. La manera más útil es dejarlos que vengan, ni aceptarlos ni rechazarlos, dejarlos que fluyan hasta que desaparezcan. En realidad se acercan a la conciencia por hábito o por deseo o rechazo hacia ellos.
Comprender las leyes asociativas de ideas y pensamientos, para darse cuenta como uno se puede apartar por medio de las asociaciones del tema elegido.
La causa de la dispersión mental es producto de la infinidad de deseos ajenos al tema. Por ello la meta de muchas escuelas es trascender el deseo y la aversión para que la mente se estabilize en la transparencia y así lo que pueda haber encima de ella puede aparecer.
La visualización apropiada usando la mayor cantidad de detalles visuales, auditivos, etc. ayuda a enfocar la mente hacia adentro cerrando la puerta a las percepciones sensorias del nivel físico. Para ser efectiva debe haber identificación con lo imaginado. Aunque uno sepa que es sólo imaginación, la técnica se hace útil si le da realidad a esto mediante el deseo de unirse, fundirse o identificarse. Similarmente uno debería hacerlo con el tema de meditación: anhelar profundamente conocerlo. Dándose cuenta que los medios intectuales discursivos están detrás de los hechos, van tras la forma pero no captan la esencia. Al tomar conciencia vivencial de esta limitación del raciocinio especulativo y memorístico, el proceso por sí mismo debería detenerse. Sin embargo, la mente queda fijada en el máximo nivel alcanzado por el intelecto habitual, con su última representación figurada del tema, quedando sólo el impulso por saber eso. Este impulso puro, sin discurso, permitirá que lo nuevo pueda venir o fluir hacia la conciencia perceptiva. El intentar apropiarse de este flujo pondrá en funcionamiento el aspecto discursivo (producto del deseo personal) y la corriente intuitiva se interrumpirá. Después de la vivencia del conocimiento, la verdadera meditación, el mecanismo memoristico puede registrar o no el recuerdo de la experiencia, al rato de acaecida o con el transcurrir del tiempo a medida que el mecanismo de la memoria se vaya habituando a este tipo de experiencia.
Si el tema interesa o agrada mucho, ayuda a la concentración, pues el deseo personal juega a favor (como un ideal o virtud, un tema abstracto, devoción hacia una deidad, etc.). El tema puede ser de distinta naturaleza dependiente de las tendencias de la persona, temas devocionales o intectuales.
Con la meditación podemos adquirir virtudes y desarrollar facultades, al identificarnos concientemente con la esencia de las mismas.
Podemos conocernos en sí, cuando las representaciones sensorias figuradas se detienen.

 
 
 

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